sábado, 26 de enero de 2008

El sentido del talante

La extensión de los derechos cívicos y sociales podría ser la primera gran aportación de estos años de gobierno de Zapatero. Grandes sectores de la población han visto reconocidos o ampliados sus derechos: las mujeres, con la ley contra la violencia de género y la ley de igualdad, los homosexuales, con el matrimonio entre personas del mismo sexo, los asalariados y pensionistas, con importantes incrementos de las pensiones y del salario mínimo interprofesional, los inmigrantes, con una regulación que ha propiciado su entrada en el mercado de trabajo y el aumento de las cotizaciones a la Seguridad Social, las personas dependientes y sus familias con una ley que viene a paliar sus situaciones de vulnerabilidad y discapacidad, los autónomos con una mayor cobertura sanitaria y prestaciones de desempleo, etc, etc.
Pero más allá de todas estas acciones políticas puntuales, a nosotros nos interesa destacar un aspecto esencial que está a la base de todas ellas y les otorga su verdadera dimensión: estas conquistas sociales y cívicas propiciadas por el gobierno no son casuales, sino que responden a una nueva concepción de la política y tienen unos fundamentos teórico- filosóficos que marcaran un antes y un después en el socialismo español. Es lo que a Zapatero le gusta denominar "socialismo de los ciudadanos". Todo el contenido de esa expresión, que auna socialismo con ciudadanía, irá calando en la sociedad española y en el propio partido socialista hasta desarrollar todas sus potencialidades y desplegar todas las virtualidades que encierra.
En unas líneas dificilmente se puede contener todo lo que supone esa idea del "socialismo de los ciudadanos".Telegráficamente estas podrían ser algunas de sus características: lucha por una sociedad libre de dominación, reivindicación de la virtud cívica o la civilidad que está a la base de una visión de la libertad como responsabilidad, concepción fuerte de la democracia que reivindica la esfera pública como ámbito de la deliberación y de la disputabilidad de las acciones de gobierno.
Pero como a veces más vale un ejemplo que mil teorías, me gustaría comentar unas palabras de Zapatero a Flores d'Arcais, un prestigioso intelectual italiano. En una entrevista aparecida primero en Italia(Micromega) y después en España ( Claves de la Razón práctica. nº 161), el pensador italiano harto de la manipulación informativa de Berlusconi, le felicita por el pluralismo informativo de TVE y por estar dispuesto a cambiar el estatus de la televisión pública. Zapatero responde: "Cuento una anécdota: hay ministros que se quejan de que la televisión pública no les saca o de que les trata mal y yo siempre les contesto: ganamos para eso. Eso es esencial. Normalmente el político cuanto más confia en la gente más posibilidades tiene de ganar. El político que quiere manipular la información es que no confia en la gente y por eso teme que la información fluya con veracidad. Pero la salud de la democracia es que el debate sea abierto, claro, sin cortapisas. El futuro es la democracia".
Esta es la gran característica del socialismo propuesto por Zapatero: la confianza en los ciudadanos. Con el llega la hora de la ciudadanía. Y ese, su talante, su tono, su forma de hablar con convicción pero sin arrogancia - igualito que Josemari- con respeto, con deferencia, sin cinismo, dando la palabra al otro, ese talante, que nada tiene que ver con la autosuficiencia y la propotencia a que otros nos tienen acostumbrados, puede tener una importancia inusitada al abrir una nueva cultura cívica que supere la lamentable separación entre ciudadanía y política.
Ese puede ser el gran éxito del talante de Zapatero, que no es pura formalidad, apariencia hipócrita o interesado "buenismo", sino todo un nuevo sentido del gobierno que se abre a los ciudadanos, que les propone sus decisiones para que las deliberen ( democracia deliberativa) y discutan (democracia contestataria) y que confia en su buen sentido y responsabilidad. Los ciudadanos como se saben respetados por el poder político, a la vez que se muestran exigentes con él, también lo respetan y cumplen sus leyes. Es una especie de pacto de civilidad, la "mano intangible" de que habla Philip Petitt. Si esto fuera así sería una conquista histórica y social sin precedentes. Esta primera legislatura da razones para la esperanza.





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