Estuve allí. Era domingo soleado en Madrid y el que esto suscribe un sencillo delegado. No era ni delegado de provincia, sino de comarca y de una de las comarcas más pequeñas, la del "Millars". Vamos, que no era ni un delegado entero, sino una fracción de delegado. Y quedé sorprendido por tanto ministro, presidente autonómico, periodista y tertuliano radiofónico por metro cuadrado. Pero todo eso poco importa porque, como les decía, estuvé allí, en la clausura del 36 Congreso Federal del PSOE.
"Congreso tranquilo, casi aburrido" decían los veteranos. Quizá no lo fuera tanto y la cuestión territorial y la relación PSOE-PSC no sea un tema menor. En cualquier caso, todo fue bien: Ibarra y los catalanes quedaron muy amigos con aplausos mutuos y representación en la ejecutiva. Zapatero estuvo más vivo y espontáneo en el discurso de contestación a las distintas delegaciones defendiendo la gestión de su ejecutiva que el de presentación inicial.Pero, sobre todos, sus palabras en la sesión de clausura, ahora sí, escritas y meditadas, como oficiales y "ex catedra" son palabras importantes que van a marcar una etapa en el socialismo español.
Un socialismo - dijo Zapatero - que a lo largo de sus 125 años de historia ha ido pasando por distintos estadios: el socialismo de la dignidad ( en su etapa inicial), el de la diáspora y la represión ( época de la dictadura), el de la modernización de España ( años 80) y el socialismo de los ciudadanos (a partir del 2000). Porque a eso convocó Zapatero, a un socialismo de los ciudadanos.
Pero, ¿qué es y cómo se come eso del "socialismo de los ciudadanos"? ¿Una nueva etiqueta?¿Un puro eslogan para una sociedad que no sabe vivir sin ellos?. Por supuesto, los mensajes cortos nunca van mal y son necesarios, y si no miren el resultado que dio lo de ZP y eso que algunos se reían. Pero en la divisa: "socialismo de los ciudadanos" ( SC), hay mucho detrás.Veámoslo en tres notas, respondiendo de paso, a los que, a falta de otras razones, arguyen que por debajo de las propuestas de Zapatero no hay ideología o falta un proyecto teórico sólido.
En primer lugar, socialismo de los ciudadanos significa sociedad libre de dominación. Como algún teórico bellamente ha dicho: "una sociedad libre de dominación es aquella en la que nadie tenga que bajar la mirada ante nadie, pero nadie tenga que mirar por encima del hombro a nadie". Una sociedad de la igualdad compleja y efectiva, de los derechos individuales y de la participación social. Cohesionada pero diversa, apasionada por el conocimiento y abierta a la universalidad. Detrás de la propuesta está toda la tradición teórica del republicanismo cívico ( Petitt. Skinner, etc) que imagina un concepto de libertad como ausencia de interferencias arbitrarias y que quiere recoger las mejores aportaciones de las tradiciones liberal y socio-comunitaria.
Segundo: socialismo de los ciudadanos supone reafirmación de los valores cívicos. Y aquí siempre surge el mejor Zapatero que conecta con la Institución Libre de Enseñanza y lo más granado del socialismo español. Un Zapatero que habla de austeridad, humildad, honestidad, sencillez, preocupación por los demás, "ánsia infinita de paz, amor al bien, mejoramiento social de los humildes". En la teoría política contemporánea ahí está la tradición comunitarista de la virtud cívica ( Walzer, Taylor, Gutman y entre nosotros Salvador Giner o Victoria Camps). Una tradición que sabe que con ser individuos no basta, hay que ser ciudadanos.
Y una tercera nota de este socialismo de los ciudadanos, que aquí simplemente esbozamos, sería la reivindicación de la esfera pública; de la política en su más genuino sentido de participación en tareas que son de todos. Es el espacio público-político de C. Offe, J. Habermas y los últimos desarrollos de la Escuela de Frankfurt. La creación de espacios de participación y deliberación de los ciudadanos que pasan por un perfeccionamiento de las instituciones del estado de derecho ( democracia participativa, deliberativa y contestataria), pero que se abren también a la sociedad civil, ONG, movimientos ciudadanos, ámbitos de opinión, redes de voluntariado y participación; lo que Habermas llama: "formación discursiva de la voluntad y opinión pública razonante".
Al viejo y sabio Aristóteles le hubiera gustado escuchar a Zapatero ese domingo de julio porque cuando el gran filósofo se preguntaba: qué es una vida digna de ser vivida, su contestación era la que en su fuero interno guió la concepción que trasmitió el lider socialista: "La del ciudadano que participa activamente en la vida de la polis deliberando junto con sus conciudadanos sobre qué es para ellos lo justo y lo injusto, porque todos ellos son capaces de palabra y por tanto de sociabilidad". No estaría de más que las naciones, los partidos y los "mortales todos" fuésemos cada vez más capaces de palabra ( logos/razón) y por tanto de sociabilidad.
José P. Martí García
Delegado al 36 Congreso federal del PSOE
( Publicado en Mediterráneo, 20 agosto de 2004)
"Congreso tranquilo, casi aburrido" decían los veteranos. Quizá no lo fuera tanto y la cuestión territorial y la relación PSOE-PSC no sea un tema menor. En cualquier caso, todo fue bien: Ibarra y los catalanes quedaron muy amigos con aplausos mutuos y representación en la ejecutiva. Zapatero estuvo más vivo y espontáneo en el discurso de contestación a las distintas delegaciones defendiendo la gestión de su ejecutiva que el de presentación inicial.Pero, sobre todos, sus palabras en la sesión de clausura, ahora sí, escritas y meditadas, como oficiales y "ex catedra" son palabras importantes que van a marcar una etapa en el socialismo español.
Un socialismo - dijo Zapatero - que a lo largo de sus 125 años de historia ha ido pasando por distintos estadios: el socialismo de la dignidad ( en su etapa inicial), el de la diáspora y la represión ( época de la dictadura), el de la modernización de España ( años 80) y el socialismo de los ciudadanos (a partir del 2000). Porque a eso convocó Zapatero, a un socialismo de los ciudadanos.
Pero, ¿qué es y cómo se come eso del "socialismo de los ciudadanos"? ¿Una nueva etiqueta?¿Un puro eslogan para una sociedad que no sabe vivir sin ellos?. Por supuesto, los mensajes cortos nunca van mal y son necesarios, y si no miren el resultado que dio lo de ZP y eso que algunos se reían. Pero en la divisa: "socialismo de los ciudadanos" ( SC), hay mucho detrás.Veámoslo en tres notas, respondiendo de paso, a los que, a falta de otras razones, arguyen que por debajo de las propuestas de Zapatero no hay ideología o falta un proyecto teórico sólido.
En primer lugar, socialismo de los ciudadanos significa sociedad libre de dominación. Como algún teórico bellamente ha dicho: "una sociedad libre de dominación es aquella en la que nadie tenga que bajar la mirada ante nadie, pero nadie tenga que mirar por encima del hombro a nadie". Una sociedad de la igualdad compleja y efectiva, de los derechos individuales y de la participación social. Cohesionada pero diversa, apasionada por el conocimiento y abierta a la universalidad. Detrás de la propuesta está toda la tradición teórica del republicanismo cívico ( Petitt. Skinner, etc) que imagina un concepto de libertad como ausencia de interferencias arbitrarias y que quiere recoger las mejores aportaciones de las tradiciones liberal y socio-comunitaria.
Segundo: socialismo de los ciudadanos supone reafirmación de los valores cívicos. Y aquí siempre surge el mejor Zapatero que conecta con la Institución Libre de Enseñanza y lo más granado del socialismo español. Un Zapatero que habla de austeridad, humildad, honestidad, sencillez, preocupación por los demás, "ánsia infinita de paz, amor al bien, mejoramiento social de los humildes". En la teoría política contemporánea ahí está la tradición comunitarista de la virtud cívica ( Walzer, Taylor, Gutman y entre nosotros Salvador Giner o Victoria Camps). Una tradición que sabe que con ser individuos no basta, hay que ser ciudadanos.
Y una tercera nota de este socialismo de los ciudadanos, que aquí simplemente esbozamos, sería la reivindicación de la esfera pública; de la política en su más genuino sentido de participación en tareas que son de todos. Es el espacio público-político de C. Offe, J. Habermas y los últimos desarrollos de la Escuela de Frankfurt. La creación de espacios de participación y deliberación de los ciudadanos que pasan por un perfeccionamiento de las instituciones del estado de derecho ( democracia participativa, deliberativa y contestataria), pero que se abren también a la sociedad civil, ONG, movimientos ciudadanos, ámbitos de opinión, redes de voluntariado y participación; lo que Habermas llama: "formación discursiva de la voluntad y opinión pública razonante".
Al viejo y sabio Aristóteles le hubiera gustado escuchar a Zapatero ese domingo de julio porque cuando el gran filósofo se preguntaba: qué es una vida digna de ser vivida, su contestación era la que en su fuero interno guió la concepción que trasmitió el lider socialista: "La del ciudadano que participa activamente en la vida de la polis deliberando junto con sus conciudadanos sobre qué es para ellos lo justo y lo injusto, porque todos ellos son capaces de palabra y por tanto de sociabilidad". No estaría de más que las naciones, los partidos y los "mortales todos" fuésemos cada vez más capaces de palabra ( logos/razón) y por tanto de sociabilidad.
José P. Martí García
Delegado al 36 Congreso federal del PSOE
( Publicado en Mediterráneo, 20 agosto de 2004)

1 comentario:
Saludos desde chile, me parece interesante el artículo específicamente la interpretación de las palabras de aristóteles en miras de apoyar su fundamento al socialismo. No es mi doctrina que sigo, pero entiendo que hay valores que trascienden y es necesario que se preserven más alla del color político que se adopten, porque el fenómeno de los gobiernoes es eminentemente transitoria, pero no los valors respublicanos como la participacipón, la libertad y la igualdad
saludos
http://asociaciondelbuenescribir.blogspot.com/
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